Rendimiento constante en las empresas: de todos y para todos

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Rendimiento constante en las empresas: de todos y para todos

Leo mucho estos días sobre la importancia de la colaboración entre equipos, la evolución hacia estructuras más líquidas y el factor humano como valor diferencial de la automatización. Y puede, como muchas veces digo, que mi visión del rendimiento, que está íntimamente conectada con el deporte profesional, me esté cegando.

Nada nuevo de lo que comento en mis posts, pensaréis aquellos que los leéis. Y es cierto, pero creo, también, que la frecuencia de repetirme en algunas ocasiones viene determinada porque le damos demasiadas vueltas en las empresas a algo que es muy simple: el rendimiento es de todos y para todos.

Los equipos tienen que colaborar

Si es que no queda otra, por mucha herencia de las diferentes «revoluciones industriales» que queramos asumir y con la que queremos dar sentido a nuestras formas de management. Me vuelvo a repetir, y perdonadme: no eres nada sin la colaboración de tu equipo.

No es la verdad que descubrió un gurú y que, con una buena estrategia de marketing, comercializó en un momento determinado. Es que no se pueden solucionar problemas en la era actual sin la participación activa en la toma de decisiones de tu equipo para conseguir resultados. Si es que da igual el tipo de negocio, y lo pequeño o grande que sea. Aunque vayas bien, aunque tu cuenta de explotación responda y tus márgenes te permitan estar acomodado en tu posición de mercado, tienes que contar con tu equipo porque, en poco tiempo, dejarás esa posición; te lo aseguro.

La rapidez de los acontecimientos en cada sector empresarial, así te lo está «cantando». Sigue igual, confía en tu «pedestal» y en tus decisiones unilaterales, y estarás superado en poco tiempo por tus competidores. Si esto no suena a lo que venimos afrontando en el deporte profesional desde siempre, que me lo expliquen.

Organigramas como el agua

Me encanta oír hablar de estructuras «líquidas» donde son las habilidades de los equipos y profesionales frente a diferentes retos de la empresa los que tienen que configurar los organigramas de trabajo. A ver qué valiente, que opina esto, lo aterriza en su empresa. De verdad, no pretendo ofender a nadie pero, con la mano en el pecho, nadie lo hace. Y quien lo hace, acaba desesperado, bien porque no lo consigue o bien porque no tiene un equipo preparado para ello.

Realmente da igual el motivo, lo importante es conseguir ese formato de trabajo. Y esto, requiere un cambio de hábitos desde todas las partes de la empresa, desde todas las esquinas del organigrama tradicional y de todos los actores que, hasta ahora, han estado viviendo dentro de él; tienen unos hábitos adquiridos con unos resultados, más o menos aceptables, y ahora, se los vamos a cambiar…

«Esto es otra moda», pensarán un alto porcentaje de empresarios. Pero, no, no es otra moda, es un problema para los que están pensando así. Un problema de rendimiento, porque sí, hay que diseñar una «jugada» -una forma de hacer las cosas, con puestos y funciones en cada uno de ellos-, pero los profesionales tienen que poder tomar sus decisiones de forma autónoma, utilizando su talento y mezclándolo con el de sus compañeros, de esta forma, esa jugada, evolucionará hacia la más eficaz y eficiente posible.

En el deporte es así, en un restaurante, en una tienda, en un despacho, en una industria, en una multinacional energética… también. Es la única forma de afrontar el rendimiento inesperado que tenemos que asumir en nuestros diferentes negocios.

Dibujo de un organigrama empresarial

Más allá de la automatización, personas

Y vuelvo a repetirme: necesitamos a nuestros profesionales para aportar valor más allá de la tecnología. Creo que es un error pensar que la tecnología, junto con todas sus soluciones de automatización (y otras muchas más), nos va a cambiar el rendimiento, ya que está más que comprobado que no es así.

Sin embargo, seguimos subidos en ese barco navegando hacia delante sin parar -antes hemos estado ya montados en otros barcos, como el de la calidad de procesos, por ejemplo-, sabiendo donde queremos llegar, pero sin saber cómo. Los profesionales del deporte llevan años incorporando herramientas tecnológicas y dejando «fuera de juego» grandes soluciones porque no pueden tomar mejores decisiones con ellas: facilitan su rendimiento, pero la relación coste/esfuerzo y el valor añadido en la toma de decisiones de competición, no está equilibrado.

Pero eso, en nuestros negocios, no nos importa, ahora toca tecnología y datos; mañana cobrará protagonismo otra cosa. Tecnología para el turismo, para la industria pesada, para el retail… para todo. Y, las decisiones que marcan la diferencia, que ganan competiciones, se siguen tomando en las cabezas de nuestros profesionales, en función del margen que le dejamos para utilizar su talento.

Creo, seriamente, que es para analizarlo, con mucho, mucho, detenimiento.

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