Nadal y lo que no hacemos

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Nadal y lo que no hacemos

Esta vez, he esperado que pasará el aluvión de elogios hacia Rafael Nadal que, por otro lado, están más que justificados. No es que no quisiera unirme a ellos, pero creo que este post se iba a perder en ese inmenso mar de admiración. Y no quería que fuese así. No es que quiera destacar mi opinión sobre todas las demás, pero después de tanto tiempo trabajando en la transferencia del talento deportivo a la empresa, sigo pensando que a nivel empresarial -y social, pero no quiero «abrir ese melón»-, no somos conscientes, de ninguna forma, de lo que realmente trasladamos a nuestros profesionales y equipos cuando utilizamos los éxitos deportivos como ejemplos para la empresa.

Los valores que no llegan, nunca

Perdonad el tono crítico y mis disculpas a todos los que me leáis, y hayáis publicado cualquier elogio referente a la victoria de Rafael Nadal en Australia, pero, una pregunta que me ronda la cabeza, una y otra vez, cada vez que he leído sobre ella estos días: ¿de verdad sabemos lo que estamos elogiando? Me da la intuición de que, en la gran mayoría de los casos, no.

Me intento explicar. Cualidades como la disciplina, resiliencia, esfuerzo, superación, ambición, perseverancia, humildad, serenidad o inspiración son algunas de las que hemos expresado estos días tras el resultado del partido de Nadal (yo, el primero). Sin embargo, al leerlas, me suenan «vacías». No me llegan. No capto que realmente sepamos lo que estamos diciendo. Se repiten como un mantra, pero no me «calan». Me parece que estoy leyendo un libro de autoayuda, que se repite, pero con diferentes portadas.

Tengo este sentimiento porque no veo por ningún sitio la base que sostiene todas esas afirmaciones. Esas habilidades no son innatas, y me temo que, en muchas de estas publicaciones, se da por hecho de que sí lo son. Y es el principal error que comentemos. Sí tengo que decir que, en otras de esas publicaciones, las que menos, sí he visto referencias a de dónde proceden, pero, tampoco llegan más allá de la mera descripción.

Así, es muy difícil hacerlas llegar al entorno empresarial -bueno, realmente, a cualquier entorno fuera del deporte -, se convierten en «fuegos artificiales que aparecen, se miran y desaparecen, prácticamente, con la misma rapidez que iluminaron.

Nadal celebrando

La trastienda de Nadal

Lo que Nadal consigue, no viene del talento innato. No sale de la magia de su cabeza privilegiada para gestionar las situaciones de tensión. No se puede ver y llevar a las empresas, ni a sus profesionales; porque no es transportable. Hay que crearlo, y luego, saber utilizarlo. De hecho, hay más profesionales que tienen lo mismo que él utiliza, y no consiguen sus éxitos; porque no saben utilizarlo, al menos, con la frecuencia, efectividad y eficacia que él lo hace.

Para conseguirlo, habría que empezar por contar los años de entrenamientos donde se ha forjado toda la base de sus habilidades, con miles, y miles, de situaciones de repetición, tensión, lesiones, sudor, intensidad, dolor, sed, calor… Y, podría seguir con algunos de sus métodos, y sin nombrar todavía ninguna de las habilidades que he comentado que aparecen en todos los posts, solo utilizando hechos y comportamientos reales.

Si viajamos en el tiempo hacia atrás desde su victoria, primero tenemos que fijarnos en todo lo que hizo previo antes de llegar al torneo, un plan específico para prepararse y utilizar todas sus habilidades: entrenamiento. Antes de ese plan específico, empezó a trabajar tras una lesión importante: entrenamiento. Y lo que trae de serie, es decir, lo que tiene en su mochila acumulado, 210 días al año de sesiones de 4 horas de duración: entrenamiento. Creo que, a esta altura de mi post, ya sabes por dónde voy a concluirlo.

Entrenamiento, pero de verdad

Imposible conseguir que el talento deportivo llegue a la empresa poniendo en valor las habilidades de los deportistas y equipos profesionales. ¡Olvídate! Utiliza cualquier metodología que quieras en tu negocio y con tus equipos coaching, mindfulness, inteligencia emocional, planes de wellness corporativo, departamentos de bienestar… todo te va a ayudar a mejorar. ¿Sabes por qué? Porque donde no se hace nada o poco, la mejora es grande y está garantizada. Eso no quiere decir que sean metodologías erróneas o poco eficaces. Para nada, tienen su espacio y su momento. Pero, no son metodologías de rendimiento; le ayudan, pero no lo generan.

La única metodología que impacta directamente sobre los resultados, en mi humilde opinión, es el entrenamiento. De hecho, todas las anteriores están creadas para «soportarlo». Sí, es así. Que no te sorprenda. No sales de la famosa «zona de confort» sin entrenar. No mejoras tu salud física y mental, sin entrenar. No mejoras tu bienestar personal y profesional, sin entrenar tus hábitos personales y profesionales. No mejoras tu capacidad de concentración, si no entrenas en situaciones de tensión. No tomas buenas decisiones, si no entrenas situaciones simuladas de competición.

Y os puedo seguir aburriendo, para intentar deciros, que hablando de habilidades y escuchando a sus protagonistas, no vamos a mejorar nuestro rendimiento. Que invirtiendo en metodologías empresariales antes de definir qué necesitamos, y entrenarlo, no vamos a mejorar nuestros resultados: ningún deportista utiliza una técnica psicológica sin que la necesite para mejorar su entrenamiento, por ejemplo. Si quieres que el talento deportivo mejore el rendimiento de tus equipos e impacte en los resultados de tu negocio, primero ten claro lo que tienes que hacer y entrénalo. Luego, ya veremos cómo hacemos que ocurra más veces y con mejores resultados.

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