Fran Murcia

Fran Murcia, ex jugador profesional de baloncesto, aporta a MindCompanySport sus conclusiones vitales y profesionales, tras una carrera deportiva llena de éxitos.

Nacido en Murcia, se forma como jugador en el CB Zaragoza, equipo en el que juega por un espacio de 8 años y en el que gana una Copa del Rey en el año 1990. En 1996 el CB Zaragoza desaparece y Murcia ficha por el Saski Baskonia, junto con sus compañeros Lucio Angulo y José Ángel Arcega.
En el transcurso de la temporada deja Vitoria y ficha por el Joventut de Badalona, equipo en el que gana su segunda Copa del Rey en el año 1997. En Badalona juega 3 temporadas más y otras dos en el Baloncesto Fuenlabrada.

Sus últimos equipos en la temporada 2002-2003 y 2003-2004, ya en la recta final de su carrera y fueron el CB Gran Canaria, jugando durante 8 partidos, y en el renacido proyecto de baloncesto de la ciudad de Zaragoza, el Basket Zaragoza 2002, donde no termina la temporada 2003-2004.

Hoy me he levantado y me he preguntado por qué soy bueno en lo que hago.

Quien me conoce, sabe que no soy nada presumido ni egocéntrico, pero tampoco dejo de alabar aquello que creo que hago bien. Y mi trabajo es una de esas cosas.

Hablando en términos más españoles y no tanto anglicismo, soy Director de estrategia Global de Wellbeing Corporativo en Howden Iberia.

¿Por qué creo que lo hago bien?

 

Pues además de porque la gente con la que trabajo me lo hace saber, cosa que  agradezco, quizá el haber sido deportista de alta competición durante la friolera de 19 años, también tenga algo que ver.

Y de eso os quiero hablar… No de mi vida deportiva que seguramente ya está en Wikipedia. Si no, de por qué un deportista está cualificado para trabajar en mejorar la salud de las personas y en mi caso, de los trabajadores. Pero también, de por qué un deportista puede desempeñar cualquier labor para la que se le contrate con todas las garantías de caballo ganador.

Tampoco quiero que nadie piense que el hecho de haber dedicado media vida al deporte de competición te da un título para ejercer en cualquier trabajo, pero sí que te aporta unos valores que, difícilmente, adquirirás en otros ámbitos laborales.

Lo que quiero decir, es que no puedes vivir de las rentas de una medalla internacional, un campeonato importante o un montón de títulos deportivos. Eso se acaba y la gente se olvida. Pero lo que nunca se olvida, es lo que esos galardones te han hecho como persona.

Os enumero unos cuantos:

  1. Sacrificio; yo nunca he esquiado, ni montado en moto, ni me he ido con los colegas de vacaciones a Magaluf, ni nada parecido, pero tampoco lo he echado de menos. Porque sabía que YO había sido elegido para hacer algo que sabía hacer mejor que miles y miles de personas que lo habían intentado sin éxito.
  2. Trabajo en equipo; no entiendo el éxito sin compartir, ni el fracaso sin apoyo. No se explica que alguien piense que se puede ser base, tirador y reboteador en una misma jugada. La combinación de las diferentes habilidades de un equipo, te hacen sentirte invencible. No renuncies a repartir tu éxito por querer destacar sobre los demás.
  3. Tu mérito no depende del desmérito del rival; ¿te imaginas que ganase Nadal un Roland Garros porque se lesionan todos los demás jugadores? Pues es parecido a pretender destacar en tu empresa, desmereciendo o despreciando a tus compañeros.
  4. Respeto al líder; en todo equipo tiene que haber un líder (o leader como se viene escribiendo), pero no es lo mismo que un jefe. El líder es aquel que es capaz de hacer que su equipo juegue unido y haga que la unión genere la fuerza. Delegando, dando confianza y arriesgando. El jefe manda y dispone. Y se pierde el talento individual.
  5. Resiliencia; en mis tiempos a esto se le llamaba adaptación al cambio y capacidad de remontada. Se habla mucho de la inteligencia emocional, la capacidad de adaptación a un entorno cambiante, etc. En el mundo del deporte, la vida es un continuo cambio. Lesiones, cambios de entrenador, descensos de categoría y las temibles retiradas, son solo algunas de las situaciones que te hacen tener que adaptarte o morir. Yo prefiero adaptarme.

¿Y por qué creo que hago muy bien lo que hago?

 

  1. En primer lugar, porque hago lo que me gusta, para lo que he nacido. Conseguir que la gente entienda que los cuidados de hoy son la felicidad de mañana. Que cambiando ciertos hábitos y adaptándolos a su día a día sin que suponga un sacrificio, no sé si vivirán más, pero a buen seguro que vivirán mejor.
  2. En segundo lugar, porque para influir en la gente, hay que transmitir pasión y esa pasión es la que me ha acompañado toda la vida desde que con 14 años decidí viajar a Zaragoza becado para jugar en el CAI y dejando familia y amigos en Murcia.
  3. Y en tercer y último lugar, porque si eres carpintero te seguirán carpinteros, si eres herrero, atraerás la atención de herreros y si eres un apasionado de la vida sana, la gente querrá ser sano. Nunca olvidaré esa escena de la película 300 en la que el Rey de los Espartanos, Leonidas, preguntaba a su pequeño ejército de 300… “Espartanos…. ¿Cuál es nuestro oficio?  Au, Au, Au!!!!

Yo siempre diré a los deportistas que existe un mundo más allá del deporte, donde tienen mucho que aportar, que se formen y se preparen para dar al mundo todo aquello que el mundo le ha dado.

Pero también diré a viva voz y para que se me oiga…. Señores cazatalentos… Es mejor fichar a un atleta y enseñarle a jugar, que buscar a un gran jugador y entrenarle para ser atleta.

El atleta del mundo laboral es la clave… “Contrata a un deportista”.

 

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