Un método con orientación al resultado

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Un método con orientación al resultado

En el mundo del deporte, la orientación al resultado es la base del rendimiento. Ningún profesional del deporte se esfuerza si no persigue un resultado. Dentro de su mente siempre está presente aquello donde quiere llegar y no precisamente en forma de sueño; tienen la fotografía de los resultados que son necesarios alcanzar para conseguir la meta que pretenden.

Las ilusiones que guían sus pasos hacia los objetivos deportivos que pretenden conseguir, son alumbradas en todo momento por la realidad de los resultados y estos, les ayudan a tomar las decisiones claves para avanzar y aumentar su margen de éxito.

Precisamente, esa orientación al resultado es la que les permite mantener la concentración en la actividad diaria que tienen que realizar. Saber lo que están haciendo no es “conocer lo que tienen que hacer cada día”, es “conocer el resultado de lo que hacen cada día”.

Es ese conocimiento el que activa su motivación y compromiso con las tareas rutinarias diarias, que son necesarias e imprescindibles, si quieren ir avanzando con seguridad y con un nivel de ensayo/error asumible dentro del entrenamiento y de la competición.

Entrenados para tomar decisiones

Esa concentración y ese saber relacionarse con la realidad diaria que arrojan los resultados, facilita una toma de decisiones en su empresa deportiva que les amplía, continuamente, el margen de éxito que tienen con sus resultados. Incluso, cuando los resultados no son los esperados, porque les indica el cambio necesario de camino que tienen que acometer, si quieren llegar a sus objetivos deportivos.

Los deportistas consiguen esa orientación al resultado porque le pierden el respeto a los resultados. Y eso, que los resultados en su entorno tienen consecuencias inmediatas y, a veces, determinantes para sus carreras deportivas.

Pero llevan tanto tiempo conviviendo con ellos, que están entrenados, y de manera muy precisa, pueden trabajar con las consecuencias que tienen estos sobre su rendimiento diario.

Lo viven como una parte más de su trabajo y no solo como la consecuencia del mismo. Y es esto, precisamente, lo que les permite acomodarse a sus efectos y les ayuda a tomar decisiones para superarlos: el verlos como algo que sirve para guiarlos y no para controlarlos.

persona corriendo en una pista de atletismo por orientación al resultado

«Los deportistas consiguen esa orientación al resultado

porque le pierden el respeto a los resultados.”

La empresa y sus resultados

Sin embargo, la empresa tiene que mejorar la convivencia con la orientación al resultado. Detectamos en muchos de nuestros clientes que esto es así porque entienden los resultados como la consecuencia del trabajo bien realizado.

Y, en parte, esto es cierto, pero entenderlos así, limita la eficacia que los resultados tienen para el rendimiento del negocio. Los resultados son una herramienta de conexión con nuestro rendimiento y sirven para guiar los pasos que damos en nuestros negocios y empresas.

No son la consecuencia de trabajar bien o mal, son la forma de saber si vamos en el camino adecuado o tenemos que rectificarlos. Son una guía para movilizar y cuidar la energía de nuestros profesionales.

Sin embargo, como en todos los sectores empresariales, sea del tamaño, tipo u orientación que sea la organización, les tenemos un respeto muy relacionado con los costes económicos y las consecuencias estratégicas.

Actuamos como si fallar fuera un problema: hacemos del fallo un error grave. Esto hace que no podamos avanzar, que bloqueemos el talento de nuestros profesionales; ellos, no van a querer aportar su valor en un entorno donde existe un alto riesgo de penalización por tener resultados no esperados y que eso, delimite su valía y la eficacia del funcionamiento del negocio.

Ningún equipo o profesional tendrá orientación al logro por mucha formación en habilidades que reciba con el objetivo de mejorar su valía y la eficiencia del funcionamiento del negocio. La orientación al logro implica saber trabajar, junto a profesionales y equipos, los resultados y aquello que han hecho para conseguirlos. Si no les damos esa opción, se orientarán a la seguridad.

Por tanto, la orientación al resultado mejorará la motivación de los profesionales siempre y cuando les permitamos trabajar esa evaluación y toma de nuevas decisiones que provienen de los resultados.

Buenos y malos resultados, van a darse en todo momento y ante cualquier situación de rendimiento deportivo o empresarial; lo importante es saber orientarse hacia el resultado manteniendo una orientación hacia el logro que facilite que los profesionales actúen, analicen sus resultados y decidan; y, todo ello, de forma constante y sin pausa.

Esa orientación al logro no solo conseguirá mantener a los profesionales enfocados en el rendimiento y en un análisis adecuado de los resultados, sino que de forma natural generará orden en la empresa. Permitirá que el sistema de trabajo se ajuste a los resultados que necesitamos conseguir y que los propios profesionales mejoren la forma de trabajar, volviéndose más eficientes en su ejecución.

“Los resultados son una herramienta de conexión con nuestro rendimiento y sirven para guiar los pasos que damos en nuestros negocios y empresas.”

La orientación al logro versus orientación al resultado

La realidad que vemos día a día con nuestros clientes es que la orientación al logro implica conseguir resultados, pero esta también se nutre de ellos para seguir motivando a los profesionales en su rendimiento.

No es una skill aislada (en la práctica ninguna lo es) que hace la guerra por su cuenta para mejorar el rendimiento; se nutre y tiene siempre como referencia nuestros resultados.

Utilizar la orientación al logro de forma persistente para generar orientación al resultado es un trabajo de hábito de rendimiento, en concreto, de crear hábitos de rendimiento eficientes. La orientación al logro combinada con la orientación al resultado provoca eficiencia organizacional si la supervisamos y guiamos hasta convertirla en un hábito.

No es una cuestión de formación, que también tiene su parte de importancia en su aprendizaje, sino más bien de entrenamiento y frecuencia (repetición, como ocurre en el deporte).

La orientación al logro tiene que generar margen de éxito en la orientación al resultado. Es decir, tiene que ampliar el impacto de los resultados incluso cuando estos nos indican que estamos retrocediendo en nuestro rendimiento.

En el deporte, un mal resultado no es un problema “dejar de rendir” sino una señal de que tenemos que tomar nuevas decisiones que, con mucha probabilidad, mejorarán la tendencia de los que veníamos cosechando.

deportista a punto de correr en una pista deportiva

“La orientación al logro combinada con la orientación al resultado provoca eficiencia organizacional si la supervisamos y guiamos hasta convertirla en un hábito.”

Organizaciones eficientes y orientación al resultado

Una cosa nos queda clara en nuestro día a día: no puede existir una organización eficiente sin la orientación al resultado. Ya lo comentamos anteriormente. La orientación al resultado provoca de forma natural orden en la empresa y en su forma de operar.

Básicamente, porque obliga a confrontar nuestra forma de trabajo con la realidad y eso nos ayuda a que no nos perdamos en nuestros ideales de funcionamiento y cuidemos las energías de nuestros equipos, evitando desgastarlos en formas de trabajo poco eficientes. Esto en el deporte es una premisa clave.

Una organización eficiente es la consecuencia de acomodar nuestro sistema a los resultados y a las decisiones que ellos nos indican que debemos tomar. Demorar cualquiera de las dos acciones anteriores, creará una tendencia de funcionamiento que a la larga no nos generará, ni eficacia, ni eficiencia.

Quemaremos buenos sistemas de trabajo porque no darán los resultados esperados y actuaremos por experiencia, perdiendo de vista la “intuición guiada” por el dato de la realidad competitiva de nuestros negocios.

Por eso, las organizaciones eficientes se centran en mejorar su orientación al resultado apoyándose en la orientación al logro, dotando a sus equipos de aprendizaje y entrenamiento en habilidades, pero también de hábitos de trabajo orientados al resultado, de forma que sean los propios resultados quienes renueven las energías motivacionales y de compromiso de esos profesionales evitando así, que los grandes discursos, las retribuciones salariales y los beneficios sociales sean los reguladores del rendimiento, y que sí se conviertan en facilitadores de la orientación hacia el resultado.

“Una organización eficiente es la consecuencia de acomodar nuestro sistema a los resultados y a las decisiones que ellos nos indican que debemos tomar.”

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