Ayudar o trabajar el rendimiento

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Ayudar o trabajar el rendimiento

“Para rendir, hay que entrenar”; es una realidad de la alta competición deportiva. En esa frase, se condensa todo lo que el deporte puede ofrecer a la empresa. Eso sí, es tan simple, como compleja de llevar a cabo fuera del contexto deportivo. Voy a intentar describir los motivos por los que es interesante incorporar la psicología deportiva en entornos empresariales para mejorar el rendimiento del equipo.

¿Ayudar al rendimiento o trabajar el rendimiento?

Esta es la primera idea que os traslado: “no es lo mismo un método de rendimiento que un método que ayuda al rendimiento”. En el deporte, el método de rendimiento es el entrenamiento. Ya está, no hay nada más. Eso sí, lo puedes “acompañar” de multitud de herramientas que te ayudan a “soportarlo”, a cumplir con sus exigencias. Pero, son solo eso, “bastones de apoyo”. Y, primero, por encima de todo, tienes que “sudar la camiseta” antes de que ponértela, te sirva para algo.

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En la empresa no tenemos un método de rendimiento empresarial. Hay métodos que organizan nuestra forma de trabajar y que ayudan al estado físico y mental de los profesionales que tienen que ejecutar esas “maneras de hacer las cosas”. Y con esa forma de proceder, esperamos que el rendimiento aparezca. Es como decidir golpear una bola de golf definiendo muy bien el swing (el “proceso de trabajo”), preparando el estado físico y mental ideal del jugador (coaching, mindfulness, planes wellness…) y esperando que esto, genere rendimiento. Hemos hecho todo, definir y preparar a quien tiene que ejecutar la tarea; ¡eso debe generar rendimiento!, ¿no? Pues no, no lo va a generar mientras que no haya un plan de entrenamiento que ponga “en forma” al profesional y a las tareas.

1. El rendimiento no entiende de atajos

Precisamente, ahí está la cuestión. Definir flujos de trabajo y preparar profesionales, no genera rendimiento, genera resultados. Y son los resultados que por “inercia” se presuponen para tu sector, según los modelos empresariales vigentes y estudiados en los casos de éxito. Siguiéndolos, consigues los resultados esperados que consiguen todos tus competidores.

Si juegas como todos, conseguirás una estadística de victorias similar a la de todos los demás. Así que, tu negocio, será uno más dentro del “pastel” que hay para repartir en tu sector. Seguirás las mismas normas que los demás y dependerás, en exceso, de los condicionantes exteriores (leyes laborales, incentivos empresariales…); la sostenibilidad de tu negocio estará en manos del entorno, en gran parte.

2. No es una cuestión de repetición

Ahora, es el momento, donde puede que estés pensando que si repites mucho lo que has definido y apuestas por una formación constante de tu equipo, debes marcar la diferencia en tu sector. No es cierto, no ocurre así. Repetir nunca ha sido una condición del rendimiento deportivo. Acumulas experiencia, pero no rendimiento.

Tener una base amplia de experiencia es haber “vivido” algo las suficientes veces como para saber cual puede ser el resultado esperado. Pero, no siempre, te hace que cambies la toma de decisiones y vires hacia una mejora. La experiencia no es un grado, la experiencia es un “grano” dentro del rendimiento. La experiencia sin un entrenamiento que la moldee, provoca hábitos de toma de decisiones no productivas. Te alinea con lo tantas veces esperado y no te permite salir mucho más allá de los límites del rendimiento asumido.

3. Entrenar sí lleva al rendimiento

Tener claro un plan con tus procesos de trabajo y con tus profesionales, donde se traza la forma de poner a funcionar los flujos de trabajo definidos y donde se configura un entorno para que los conocimiento técnicos y las habilidades de tus equipos (su talento) tengan una aparición garantizada y medida, es entrenar. En cristiano, poner a funcionar lo que has pensado con tus profesionales, facilitándoles su trabajo y midiendo cada impacto que generen en el negocio. Eso es entrenar; eso es buscar rendimiento.

          Ayudar-al-rendimiento en la empresa

En el deporte, los entrenamientos están diseñados para trabajar la forma de competir, dejando que los deportistas utilicen su talento para solucionar situaciones comprometidas. En la empresa, tenemos que saber llegar a realizar esos entrenamientos, cada día: nuestro trabajo diario es un entrenamiento constante de nuestros procesos y del talento de nuestros equipos. Si lo vemos así, cada día, estaremos tomando decisiones de rendimiento que mejorarán nuestros resultados.

Llegará el año, el trimestre, el mes, la semana o el día clave de nuestro ciclo económico y estaremos “a tope” de rendimiento para competir. Y si la competición, en tu sector, es diaria, porque todos los días te la juegas de forma irremediable, entonces, bienvenido al mundo del deporte profesional: cada entrenamiento, es una competición. Mas razón para intentar entender su metodología y llevarla a la empresa, ¿no te parece?

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