Cambiar objetivos por retos

Tiempo de lectura: 6

Cambiar objetivos por retos

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Para que una persona se sienta realizada y tenga sensación de progreso en cualquier ámbito de la vida, es necesario proponerse retos y objetivos. 

Aprovechar el papel de los retos y objetivos en el equipo, es crucial para estar motivados y no perder el foco en lo que queremos conseguir, aunque no siempre es fácil.

Existen muchos estudios e información en la red, aunque si no das con la clave para mejorar el rendimiento de tu equipo…

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Dicho esto…

¿Qué es un reto?

¿No sabrías decir con exactitud qué es un reto? no te preocupes, te lo contamos a continuación.

El papel de los retos en nuestra vida es crucial,  ya que están presentes en todos los ámbitos de la vida.

Los  retos suelen mantener las cosas claras permitiéndonos conseguir los objetivos  sin desviarnos del camino. (los retos son una gran fuente de motivación que nos ayuda a afrontar el camino con mayor motivación y ganas).

Los retos, nos permiten enfrentarnos a tiempos difíciles estimulando el crecimiento tanto personal como profesional de una manera que los buenos tiempos no lo hacen.

Gracias a esos momentos de tensión y adrenalina es cuando más agudizamos nuestro coraje y valor a la hora de afrontar logros deseados en la vida.

¿Qué es un objetivo?

Un objetivo, por otro lado, es una idea del futuro o de resultado ideado por uno o varios  individuos que lo quieren alcanzar. Principalmente, nos sirve para establecer una meta y tener claro lo que queremos conseguir a medio y largo plazo.

Es una buena forma de potenciar y visualizar mejor la sensación de progreso a la par que nos permite organizarnos mejor y vivir menos estresados.

Establecer un objetivo es vital para organizarte y saber a dónde quieres llegar pero no debemos de olvidar el papel vital que tienen también los retos a corto plazo.

Es una fuente de motivación poderosa si se enfoca de la forma correcta y son retos que tienen relevancia para nosotros, sino no surtirán efecto.

Otro punto positivo de los objetivos es que reducen la procrastinación de forma considerable ya que al tener en mente el objetivo que queremos conseguir será más difícil que sucumbamos a vaguear.

Gracias a los objetivos mantenemos la motivación a medio / largo plazo mientras que los retos a corto plazo nos dan el impulso para ponernos cada día.

¿Cuál es la diferencia entre reto y objetivo?

¿La diferencia entre reto y objetivo? Muy fácil, un reto es una acción que te propones para alcanzar algo que deseas, mientras que los objetivos pueden ser un sinfín de acciones que gestionado de la forma incorrecta pueden abrumarnos y acabar en fracaso.

Existe una clara diferencia entre reto y objetivo, los objetivos se definen para alcanzarlos, los retos por el contrario, se definen para superarlos y funcionan así para cualquier ámbito de nuestra vida ya sea personal o profesional.

Cuando nos proponemos objetivos, orientamos nuestras habilidades y nuestros esfuerzos a conseguirlos. Buscamos todas las soluciones posibles para cumplir con ellos. 

Nos ponemos “manos a la obra” para alcanzarlos y nos comprometemos con ellos. Pero el compromiso no viene solo, hay que potenciarlo y cuidarlo para mantenerlo en el tiempo.

Está acompañado de esfuerzo y motivación por querer cumplir con nuestros objetivos. Pero también de inseguridad cuando, por cualquier motivo, comenzamos a ver que puede que tengamos problemas para cumplir con esos objetivos que nos hemos marcado.

Todo no siempre sale como esperamos.

Si todo marcha en la línea de lo que esperamos, el esfuerzo que nace de ese compromiso sigue su camino y vamos cumpliendo las etapas que son necesarias hasta alcanzar los objetivos. Pero si no es así, comenzamos a debilitarnos y dejamos de creer en el esfuerzo que estamos poniendo para alcanzar nuestros objetivos.

retos

Comenzamos a pensar que hay algo que no está en nuestra forma de actuar y que nos impide avanzar en la línea que queríamos. En la mayoría de las ocasiones, como dicen los deportistas profesionales, echamos “balones fuera” culpando al manido entorno y utilizamos la excusa de la suerte, para justificar que no vamos avanzando en nuestro compromiso.

De esta forma, y al menos inicialmente, protegemos nuestras habilidades y nuestras decisiones, que son la base del esfuerzo que estamos realizando para alcanzar nuestros objetivos.

Es un mecanismo de defensa muy importante porque nos permite seguir insistiendo, gracias a la confianza de que estamos haciendo “lo que podemos”.

Pero, es un mecanismo de defensa peligroso porque no nos permite mirar con otras perspectivas la situación y hace que nos mantengamos en el camino de seguir insistiendo, demasiado tiempo. Y cuando los resultados no llegan, aparece la inseguridad.

Con la inseguridad podemos entrar en un círculo vicioso de justificaciones de por qué no estamos cumpliendo con nuestro compromiso. Ya no “echamos balones fuera”.

Ya es que no tenemos balones para echar fuera, porque directamente pensamos que la responsabilidad de lo que pasa está fuera de nosotros.

De esta forma, protegemos nuestra autoestima y, sin darnos cuenta, evitamos ver que estamos continuamente “dando argumentos” poco productivos, que solo van a seguir incrementando nuestra inseguridad hasta el punto de que perdamos de vista nuestros objetivos.

Con los retos es diferente.

Con los retos no ocurre igual. Los retos no encierran un compromiso como el de los objetivos. Encierran un desafío. Un desafío que nos provoca, orientando nuestras habilidades y nuestro esfuerzo, pero hacia la superación no hacia la consecución.

La superación deja una potente marca en nuestro cerebro. Es una marca con mucha huella, con mucha carga motivacional. Las ganas, la disposición, la concentración, las acciones… todas están más llenas de energía, que cuando vienen del compromiso. Pero, y aquí está la gran diferencia, no están acompañados de esfuerzo e inseguridad, están acompañados de actitud y de autocrítica.

reto

Y es que los retos requieren de nosotros una revisión constante de lo que estamos haciendo, de las decisiones que estamos tomando, así como de las necesidades y prioridades que tenemos que atender, si queremos llegar a superarlos. Adaptación, flexibilidad, toma de decisiones, resiliencia, autoconfianza… esas son las habilidades que están presentes en el camino hacia un reto.

Habilidades que nos exigen inventarnos, reinventarnos, aguantar, da un paso atrás para luego dar un paso adelante, limitarnos para luego ilimitarnos, movernos en varias direcciones para luego elegir la más adecuada, dar un paso pequeño pero que suma para el recorrido final, criticarnos para reordenarnos y seguir avanzando…

Utilizando nuevamente el símil deportivo, no hay “balones” fuera. Todos los balones están dentro y son de nuestra responsabilidad. Los pases los fallamos nosotros y lo que tenemos que hacer es entrenar para hacerlo mejor en el siguiente pase.

Desde luego, que puede que el partido en el que estemos compitiendo no sea el más adecuado para nuestras habilidades, pero hay que pelearlo y ver los resultados, mejorar en lo que nos toca y volver a pelearlo. Incluso, perderlo nos viene bien para valorar mejor lo que hacemos bien y lo que hacemos mal.

Pero más importante que perderlo o ganarlo, es la capacidad de evaluarnos, adaptarnos, prepararnos y volver a competirlo, independientemente del resultado.

En las situaciones profesionales y personales, también funcionan así los retos. Nos mantienen constantemente en el camino, porque nos obligan a medir nuestra responsabilidad en lo que hacemos bien y mal.

Y esto evita la inseguridad, básicamente, porque no tenemos tiempo para ella, ya que tenemos que volver a coger “el toro por los cuernos” para seguir avanzando en nuestro camino de superación.

¿Cómo podemos pasar de objetivos a retos?

Pero ¿Cómo pasamos de objetivos a retos? Quizás podamos utilizar dos comportamientos muy habituales en el mundo de la alta competición y de los que los profesionales del deporte, muchas veces, ni son conscientes: superar y responder.

En el deporte profesional, nunca se plantea lo que se quiere conseguir, sino lo que se quiere superar. Conseguir algo, implica llegar a un nivel determinado. Superar algo, implica seguir creciendo, puesto que cuando dejas de crecer, dejas de competir.

De la misma manera, responder a las necesidades de cada momento implica no reaccionar. Reaccionar conlleva que ya llegamos tarde, que estamos buscando soluciones para algo que ya ha pasado.

Responder, sin embargo, supone que ya tenemos previamente visto algo de lo que puede suceder y tenemos preparadas algunas decisiones para avanzar sobre ello.

Quizás, puede que los objetivos sean una herramienta antigua para unos nuevos tiempos que requieren más «saber seguir “que «saber llegar».

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Y tu, ¿Te centras en lo que puedes controlar?

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